CRUCIFICADO POR AMARNOS – RESUCITADO PARA SEÑORÍO

JESÚS PREDIJO SU MUERTE DE CRUZ

La vida de Jesús transcurrió bajo el propósito del Padre, de que era necesario que padeciera mucho, aludiendo a la crucifixión (Mc. 8:31; Lc. 17:25, y 22:37). En su ministerio publico de servicio a favor de las multitudes, evidencia de cómo puso su vida en rescate por la gente (Mc. 10:45). Aun en los momentos más gloriosos, como la transfiguración, aparece la sombra de la cruz, que en su conciencia mesiánica sabe que le espera.

 

Los evangelios fueron escritos orientados a la cruz que viene en la vida del Hijo de Dios. Recién nacido, Simeón anuncia a su madre que la vida de este niño será dramática y que una espada traspasará su alma (Lc. 2:36). Luego, el niño debe ser llevado a Egipto, por acción asesina de Herodes y las espadas de sus soldados (Mt. 2:13). En muchas de sus parábolas, hace la alusión a la tragedia: vendrán días cuando el esposo les será quitado (Mt. 9:15). Y cuando sus enemigos espirituales le pidieron señal del cielo, dio una declaración profética, en referencia a la señal del profeta Jonás, para aludir a su muerte y resurrección (Mt. 12:40 y 16:4). Aun en la ferviente adoración de María de Betania, Jesús lo vio como un perfume anticipado a su sepultura (Jn. 12:7). El llamado de la cruz se hace más visible aun en el evangelio de Juan, porque fue escrito en el entendido de una hora que viene, de una hora hacia donde todo se encamina. En el evangelio de Juan es revelado que todo tiene una hora en la vida de Jesús. Para él es preciso morir por los demás (Jn. 3:14, 12:34 y 20:9).

 

Muerte y resurrección son, en el evangelio de Juan, el transito deseado al Padre, por la absoluta obediencia de Jesús. Su pasión y crucifixión fue la consagración del Hijo de Dios al propósito eterno del Padre (Jn. 18:4-8 y 17:19). La muerte le devuelve al Padre (Jn. 14:28), Jesús, llora y se atribula (Jn. 11:33), y si pudiera la evitaría. Pero para eso vino a este mundo. La voluntad del Padre fue lo mas importante para él (Jn. 12:27-28), sabe que para eso se hizo hombre (Jn. 6:54-56), que desaparecerá como el grano de trigo en tierra (Jn. 12:24), que será alzado como la serpiente en la que se recoge y muere todo veneno (Jn. 3:14). Juan el Bautista lo presentó como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn. 1:29). El Cordero listo para ser sacrificado en lugar del hombre caído. Por otro lado, el mismo Señor retó a los funcionarios del templo diciéndoles: “destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Jn. 2:19), anunciando su muerte y resurrección. Además, anuncio a Nicodemo la necesidad de que el hijo de Dios fuera levantado en una cruz (Jn. 3:14). En Caná de Galilea, sabe que aún no ha llegado su hora (Jn. 2:4), y en sus últimos meses, vivirá la angustia de la hora que llega, pero no ha llegado aún, y que estaba llegando (Jn. 7:6 y 8:20).

 

La conciencia mesiánica de Jesús debe ser destacada en este poderoso grueso espiritual. El tenía una conciencia perfecta de su misión en este mundo; sabia para qué había nacido, para qué se había hecho hombre. Von Balthasar dice: “El Nuevo Testamento en su conjunto es un ir y venir hacia la cruz y la resurrección”.

 

 

 

PASION DEL VARÓN DE DOLORES

Jesús, vino a un mundo cruel y dividido, lleno de violencia y de odio, de pobreza y enfermedades, de injusticias y de mentiras, donde prevalecían religiones falsas y cultos aberrantes. El Hijo de Dios vino a un mundo aburrido y desesperanzado de hombres llenos de avaricia y soberbia, con el corazón vacío y el espíritu muerto. Vino a un mundo hundido en la miseria del pecado, sumergido en el lodo de los vicios y las aberraciones sexuales. Donde el 50% de sus habitantes eran esclavos, y solo un pequeño grupo, lo tenía todo, y las grandes mayorías tenían muy poco o nada. El mismo Jesús dijo:” porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10). Enorme misión asignada por el Padre, quien lo envió por amor al hombre, y él quiso venir.

 

Jesús es el gran inocente de la historia humana. Se le hizo un juicio muy injusto, violando tanto el derecho judío como el derecho romano, lo que significó la violación de sus derechos individuales. La condición de los judíos frente al imperio romano era de peregrini, no eran esclavos, pero estaban subyugados por el imperio y sus leyes. En el caso de Jesús, fue blanco de dos grandes mafias de poderosos: la mafia religiosa de Jerusalén y la mafia política imperial. Una, representada por Anás y Caifás; y la otra, por Poncio Pilato, el gobernador romano de Judea en esos días. (Mt. 26:57, 27:14).

 

Una vez determinado por Pilato que fuera azotado, Jesús recibió más de 250 golpes con diferentes objetos de madera, huesos y metales, lo que significa que su cuerpo fue desfigurado. Isaías lo profetizó cuando dice, en el 4to. Cantico del siervo de Jehová:” despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentando en quebranto” (Is. 53:3). Además, fue escupido, empujado, maldecido, burlado y menospreciado. El sufrimiento de su pasión fue indescriptible y no fue sorpresa, ni casualidad, porque Jesús tenia absoluta conciencia de su misión mesiánica de sufrimiento y gloria (Lc. 24:26), para expiar los pecados de la humanidad en la cruz y dar esperanza, mediante su resurrección, a todos aquellos que creyeran en él, y luego entrar en su gloria. En su primer mensaje, el apóstol Pedro dice que Jesús fue entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios. (Hch. 2:23). Significa que todo el proceso de redención obedece al propósito eterno que Dios hizo en Cristo Jesús (Ef. 3:11). Todo lo ocurrido fue planeado por el Padre, el gran arquitecto de la historia de la salvación.

 

CRUCIFIXIÓN DEL TRASPASADO

Las crucifixiones fueron usadas en el mundo antiguo por los imperios asirio y medo persa. También, sabemos que Alejandro Magno y sus sucesores las usaron fuera de Grecia, por considerarlas un tormento bárbaro. También, la usaron sirios y cartagineses, y se entiende que los romanos lo imitaron. Las clases de muertes en las ejecuciones antiguas eran muy rápida, pero la muerte de cruz era lenta y dolorosa, era una muerte de esclavo y Roma no la aplicaba a sus ciudadanos. Crucificaba en los pueblos barbaros conquistados para infundir temor y aterrorizar a la gente. En los tres millones de Kms2 del imperio romano, se levantaron decenas de miles de las dramáticas sombras de la cruz. Palestina no fue una excepción. Quintilio Varo crucificó a dos mil judíos. Josefo cuenta que el procurador romano Félix crucificó una cantidad enorme de judíos (52-59 d.C.). En el año 70, durante y después del sitio de Jerusalén, los romanos crucificaron hasta quinientos prisioneros por día.

 

Para los judíos, esta clase de muerte era una maldición (Dt. 21:23; Gal. 3:13). Añadía a los ojos de los judíos una especie de condenación religiosa a la tortura física, hecho que denota el profundo interés que tenían los líderes religiosos ante Pilato, de que Jesús fuese crucificado. Según ellos, su muerte de cruz borraría su fama y su prestigio de rabino de gran sabiduría y poder, testificado con milagros nunca vistos, en Israel. La tradición ha creído por siglos que Jesús fue crucificado en la cruz inmisa, en la que dos palos se cruzaban. El travesañose usaba en la parte superior donde se ataba y clavaba a los sentenciados. Jesús, fue crucificado entre dos ladrones, hasta el momento de su muerte en la cruz, se mantuvo cerca del hombre para extender su amor en palabras de salvación, como hizo con el ladrón de la derecha a quién le prometió el paraíso (Lc. 23:43).

 

Pablo dice a los romanos:” mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rm. 5:8). Ofendemos la santidad de Dios cuando pecamos. Jesús murió en la cruz por la gran equivocación del hombre, que es el pecado. Cristo murió por todo lo que los hombres hemos hecho mal. El apóstol Pedro dice:” sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre de Cristo, como un cordero sin mancha y sin contaminación” (1P. 1:18-19), con su muerte expiatoria destruyó el poder de Satanás y de sus armas: el pecado, la muerte y la condenación eterna (Col. 2:14-15, y Heb. 2:14).

 

ÁNGELES ANUNCIARON QUE EL VIVE

En el Antiguo Testamento, la esperanza de la resurrección es oscura y vaga, con marcadas excepciones, tales como el Pentateuco, Job y Salmos, hasta llegar al periodo del mesianismo tardío, en los días del profeta Ezequiel, y el gran cementerio, que es el Valle de los Huesos Secos (Ez. 37). Y como de manera sobrenatural, Dios le da vida y se constituyen en un gran pueblo en su presencia. En el caso de Daniel, dice:” y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna y otros para vergüenza y confusión perpetua” (Dn. 12:2); y reitera:” y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días” (Dn. 12:13). Oseas dice:” nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitar

Mt. 16:4, y Jn. 2:19).

ro tambien apunta al Mesias en su resurreccion,ierra sern su presencia. en á, y viviremos delante de él” (Os. 6:2). Este texto es una palabra profética que apunta al Mesías en su resurrección, como ocurrió con Jesús (1Co. 15:3-4), y lo ocurrido al profeta Jonás, que el Hijo de Dios lo usó como un símil de su muerte y resurrección (Mt. 12:40). En el Nuevo Testamento en su ministerio publico, Jesús predijo su muerte expiatoria, pero también su resurrección al tercer día (Mt. 16:4, y Jn. 2:19). Los evangelistas detallan el testimonio insoslayable de la resurrección de Jesús (Mt. 28:1-10; Mr. 16:1-8; Lc. 24:1-12; y Jn. 20:1.10).

 

El mensaje central de la iglesia apostólica era que Dios resucito a Jesús de entre los muertos, proclama que se constituyó en la parte sustancial de la fe de la iglesia naciente (Hch. 2:32, 3:15, 4:10, 13:33, 17:3 y 26:8). Hablar del triunfo de Cristo sobre la muerte es hablar de nuestra resurrección (1Co. 15:16). Es dar la única respuesta al dilema de la vida y, de la muerte de los hombres. La resurrección de Cristo no solo representa las demás resurrecciones, sino que las precede, las inaugura. El es el primogénito de los resucitados y esto en el sentido literal hebreo, lengua en la que primogénito significa “el que abre el seno”. El primogénito de la resurrección. El primero que resucita para no morir más.

 

El apóstol Pablo, en la salutación a las iglesias de Galacia dice:” Pablo, apóstol (no de hombres, ni por hombres, sino por Jesucristo y Dios el Padre que lo resucitó de los Muertos)” (Gal. 1:2). Significa que la acción de Dios Padre es responsable de la resurrección del Hijo eterno de la fría tumba. Por otra parte, a la iglesia de Corinto dice: “ porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras, y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aun, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo, después a todos los apóstoles y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (1Co.15:3-8). Vuelve y apunta:” y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también nuestra fe” (1Co. 15:14). Y reitera:” y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados”(1Co. 15:17). Y en el verso 20 dice:” mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicia de los que durmieron es hecho.”

 

Estas escrituras son demasiado obvias en el testimonio de la resurrección del Hijo de Dios. A los Romanos dice Pablo:” acerca de su hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de Santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Rm. 1:3-4).

 

En la vida bíblica, se produjeron siete (7) resurrecciones literales: dos en el Antiguo testamento y 5 en el Nuevo Testamento. En estos casos, los resucitados volvieron a morir, pero la resurrección del Hijo de Dios es absolutamente diferente, porque él resucitó con un cuerpo glorificado e inmortal; así inauguró el cuerpo del mundo del mañana. (1Co. 15:40-43)

 

REFLEXIÓN FINAL

Por amor al hombre, el Padre envió a Jesús, quien siendo Rey y Señor, adorado por los angelitos, quiso venir a morir como esclavo en una ominosa cruz, para anular todo lo que hemos hecho mal, y así destruir a Satanás y el imperio del pecado, la muerte y la condenación eterna. Fue sepultado y resucitado para nuestra justificación y triunfo, la impartición de vida abundante en este mundo, más el don incomparable de la vida eterna. Ascendió a los cielos, se sentó a la diestra del Padre y prometió regresar por su pueblo (Jn. 14:3). Si no has hecho tu pacto de fe, clama a él y serás limpio en tu conciencia manchada por su sangre purísima. Gracia y Paz de Dios.

 

Pastor Luis A. Reyes
IGLESIA JESUCRISTO FUENTE DE AMOR, INC. (Central)
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Posted on April 17, 2014, in Artículos and tagged . Bookmark the permalink. Leave a comment.

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