EL AMOR DE DIOS SIGUE VIVO EN CRISTO JESÚS

El amor que Cristo proclama en el evangelio es tridimensional: 1. El amor de Dios al hombre (el Señor revela que Dios nos ama. Jn. 3:16). 2. El amor del hombre hacia Dios. (Jesús recuerda que Dios quiere ser amado Mr. 12:30). 3. El amor al prójimo. (Jesús recuerda que el amor al prójimo es inseparable del amor a Dios, Mt. 22:37-39).

El cristianismo de hoy ha dividido ese triple amor en lugar de sumarlo. 1. Grupos carismáticos, dan preferencia a la exaltación del amor de Dios al hombre. 2. El grupo de piadosos, solo se preocupa por su amor hacia Dios. 3. Grupos sociales y humanísticos, que se concentran en profesar amor solo a los hombres. Tres maneras de mutilar, distorsionar y falsear el amor cristiano. Una de las aportaciones fundamentales de Jesús a la espiritualidad verdadera, es la relación que tienen entre sí, los amores de Dios y del hombre. Conforme a (Mr. 12:29-31). Jesús une el amor a Dios y el amor al prójimo en un fundamento único e indivisible.

El amor a Dios, en las enseñanzas de Jesús. es el fundamento y origen del amor al hombre. Domina el amor de Dios hacia el ser humano, que es infinito e insondable. En cuanto al hombre: a) El amor hacia el Dios (es una gracia, Ro. 5:5). b) El amor hacia el prójimo (que el Nuevo Testamento lo presenta como condición imprescindible de que profesamos amor a Dios). El Dios del Antiguo Testamento es bueno y clemente, pero sobre todo justo. En tanto, que es revelado por Cristo, como Padre bueno, fiel y amoroso; que perdona y que crea una nueva familia, en Jesús. La ley de esa nueva familia es el amor. Por eso dice:” Amad a vuestros enemigos…y seréis hijo del Altísimo” (Lc. 6:35); el que no ama, no es hijo.

En la oda del amor de 1Co. 13:1-13, Pablo explica la absoluta necesidad del amor (Ver. 1-3), define la esencia del amor en 14 características (Ver. 4-7), y compara las eternas perfecciones del amor con las imperfecciones temporales de los dones (Ver. 8/13).

PERFIL FILOLÓGICO DEL TÉRMINO AMOR
En la cultura griega existían cuatro palabras para aludir al amor, Ágape, Filos, Eros y Storge. Solo aparecen en el griego Koiné del Nuevo Testamento Ágape y Filos.

Ágape, es un término que designa el amor de Dios hacia los hombres, es el amor purísimo, insondable y transparente, y se usa cientos de veces en el Nuevo Testamento. Filos, es el amor fraternal que comprende la expresión de sentimientos, afectos y simpatía hacia la familia, amigos y relacionados. Este término se usa pocas veces en el griego del Nuevo Testamento con relación a la acepción Ágape. Las otras dos palabras: Eros, es el amor apasionado y temporal con que el amante desea a la pareja ocasional para sí. Es amor fugaz y emocional vinculado al deseo carnal. Storge, es el amor que expresaba el ciudadano de la polis griega por los valores patrios: el respeto a los símbolos, al ejército y al sistema de gobierno, así como el aprecio a la cultura de su nación.

El amor Ágape regala, pero el amor Eros solicita con bajos deseos. El amor Ágape se identifica con las necesidades del prójimo en sus apuros; el amor Filos es solo amor de sentimientos, afectos y simpatía. El amor Ágape se vincula a los símbolos patrios, porque Dios es el dueño de las naciones, y ha establecido autoridades en cada territorio. El orden, la ley y la paz vienen de su voluntad. En cambio, el amor Storge, se fundamenta en el orgullo humano para destacar que, el amor a los símbolos patrios, es motivo de soberbia y grandeza por encima de otras naciones.

El amor Ágape es el amor que fluye de Cristo en los evangelios; la fe del creyente tiene que producir este amor o no es fe, porque esta fe obra por el amor. Como dice Pablo: “porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor”, (Gá. 5:6). Optar por el amor, es decidirse por Cristo, que es optar por un amor sin fronteras. Por un amor en el que Dios y el hombre se unen inseparablemente.

AMOR DE DIOS
Ninguno de los filósofos y pensadores griegos, ni de otras culturas religiosas, hablaron del amor de sus dioses hacia el hombre. En cambio para Jesús, Dios es el único bueno (Mr. 10:18). El Padre amoroso (Mt. 5:45 y 6:9), que busca la oveja perdida (Lc. 15:4-7), porque es el Dios que busca y acoge lo que se había perdido (Lc. 15:2). Por otro lado, Juan dice:” En tanto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su hijo en propiciación por nuestros pecados, (Jn. 4:10). Y reitera:” y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él, (1Jn. 4:16). El apóstol Juan lo resume en la frase definitiva: Dios es amor (1Jn. 4:8 y 16), porque el amor constituye la misma esencia de Dios. Este amor de Dios no es teórico, ni fantasioso, se ha manifestado en la historia de la salvación en Cristo Jesús. Se muestra en la maravillosa creación de la naturaleza y el hombre; se manifiesta en su misericordia hacia los enfermos, los pobres, entristecidos, marginados, y en una infinidad de consecuencias.

No puede haber un culto al Dios del amor, que no sea un culto de amor. Oseas dice, y lo reitera Cristo: que Jehová Dios, misericordia quiere y no sacrificio (Os. 6:6 y Mt. 9:13). Jesús enseña la reconciliación con el hermano antes de traer la ofrenda. Significa que el amor es el fundamento de todo lo que rendimos en sacrificio a él. El reconocimiento del Dios que ama motiva el más profundo gozo de la fe del creyente ¡Cuando un hombre o mujer se siente amado por Dios, se siente feliz y gratificado! De verdad ¡Dios te ama! Con demostración sobrada ¡Cristo te ama!

Jesús se sintió amado por el Padre cuando dice:” me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Jn. 17:24), “y les has amado a ellos como me has amado a mi“ (Jn. 17:23). La vida de Jesús es el reflejo de ese amor Dios al hombre:” como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor” (Jn. 15:9). “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en el cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16). De tal manera: “inescrutable”.

En el lenguaje de la economía, Jesús dijo siendo un adolescente: “¡en los negocios de mi Padre me es necesario estar!” (Lc. 2:49); el Hijo de Dios, por amor al hombre; fue invertido por el Padre en este negocio de salvación. De manera que Jesús es la mayor inversión de Jehová Dios en el plan de salvación, y todo por el incomprensible amor de Dios hacia el miserable hombre pecador. ¡Infinito amor! ¡Inconmensurable gracia!

DIOS QUIERE SER AMADO
Dios nos ama, pero también quiere ser amado. Él manifiesta profundo interés en tener relaciones con el hombre desde los albores de la humanidad. Al crear al hombre, Dios no le olvidó, sino que desencadena amor de doble vía, amar y ser amado, que viene del cielo a la tierra y que va de la tierra al cielo. A través de la historia de la salvación se nos muestra a Dios con profundo interés de ser amado por el hombre, a tal punto que nos envió a su propio hijo para reconquistar el amor perdido por el pecado. Es por eso que, su mandamiento principal. en palabras de Jesús es:” amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento” (Mt. 22:37-38). Ese camino del amor a Dios, en el Nuevo Testamento, se concretiza en Cristo, por la fe en él, la oración y la obediencia.

En la fe hay una dependencia incondicional de Dios. Además, la fe obra por el amor (Gá. 5:6). La oración es el dialogo amoroso del hombre con Dios, es mucha conversación con él, a través de Jesucristo, por la inspiración del Espíritu Santo (Fil. 4:6-7). La obediencia amorosa es la manera de mostrar nuestro amor a él. Jesús dijo:” si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (Jn. 15:9). “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Jn. 14:15).

AMOR AL PROJIMO
Jesús dijo:” amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. 22:37-39). Jesús une lo que en el Antiguo Testamento aparece separado: toma el mandamiento del amor de Dios de Dt. 6:5 y la formación del amor al prójimo de Lv. 19:18.

Los une en un mandamiento doble e indivisible. El amor a Dios aparece con Jesús como fundamento y origen del amor al prójimo. Pero a su vez, el amor al hombre determina y expresa el amor a Dios. El Señor no presenta el amor entre los hermanos como la única forma de amor a Dios, pero sí como una condición imprescindible. No es posible ofrecer a Dios sacrificios si no hay una previa reconciliación con quienes nos han ofendido (Mt. 5:23 y Mr. 11:25). En el Nuevo Testamento, el amor cristiano no tiene fronteras: incluye al extranjero, al enemigo y al pagano. Jesús enseñó en la parábola del buen samaritano el amor y la misericordia (Lc. 10:25-37), que fluyó de un extranjero, y lo reconoció, presentando como verdadero cumplidor a quien no pone límites a su amor.

Jesús dijo:” Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os entregan y os persiguen: para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mt. 5:44-45).

El hombre que ama se humaniza, el que odia se deshumaniza, no ve la imagen de Dios en el otro hombre. El que odia se degrada, entra en una condición fuera del propósito de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo; todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios (1Jn. 3:10). En cambio quien ama, camina en el reino de la luz (1Jn. 2:10), y de la vida (1Jn. 3:14). Significa que quien no ama está muerto. Juan reitera:” si alguno dice: yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1Jn. 4:20). El 1er. y 2do. Mandamiento son: amarás a Dios y al hombre (Mr. 12:29.31). El prójimo no es un añadido para el hombre. Su espiritualidad se mide por su amor al prójimo. (Lc. 10:29).

REFLEXIÓN FINAL
Al enviar a su hijo eterno a favor de nuestra redención, Dios quiere ser amado y nos ha provisto tres medios para expresarle nuestro amor y pasión: la fe, la oración y la obediencia. Amar al prójimo es una condición imprescindible para demostrar que amamos a Dios; el que no ama a su hermano; no es de Dios. En cambio, quien ama, camina en el reino de la luz.

El Señor quiere que obedezcamos la gran omisión de Mt. 28:19-20 y Mr. 16:15-16, comprometiéndonos a llevar su amor a los que viven en el pecado, y persuadirlos de que Él le ama y quiere borrar sus pecados con su sangre purísima, y establecer una relación de amor, con el disfrute de su presencia diaria y la esperanza viva del don de la vida eterna.

Posted on February 24, 2014, in Artículos. Bookmark the permalink. Leave a comment.

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