EL DIOS DE JESÚS DE NAZARET

Cerca de la tumba del huerto ya resucitado, el Señor le dijo a María de Magdala: “no me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos y dile: subo a mi Padre y a vuestro Padre; a mi Dios y a vuestro Dios” (Jn. 20:17). Jesús identificó a su Padre con el Padre de sus discípulos, a su Dios con el Dios de sus seguidores y a su Padre con su Dios. Es decir, que su Padre es su Dios; así lo proclama después del triunfo de la resurrección.

Su Padre y Dios tiene tal protagonismo en su vida que, desde su presentación como adulto en el templo de Jerusalén (Lc. 2:49), hasta el día de su crucifixión (Lc. 23:46), sus labios pronuncian e invocan a su Padre y Dios, es su razón cardinal en su ministerio publico. No hacia otra cosa que hablar de su Dios, orar a su Dios, hacer milagros y prodigios en nombre de su Dios, manifestar compasión hacia la gente con el amor de su Dios, enseñar y predicar el reino de su Dios.

Hay quienes dicen creer en el Dios de Jesús, pero no en Jesús; otros confiesan creer en Jesús, pero no en su Dios. El Dios de Jesús, no puede separarse de él, porque entre ellos hay una unidad inentendible para el hombre. Es la relación indisoluble del Padre y el hijo eterno.

El Dios De Jesús y dioses Paganos de la Antigüedad
En la generación de Jesús existían varias visiones sobre la divinidad; El judaísmo con Yaweh, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob; las religiones egipcia-babilónica, religiones orientales y greco romana.

La característica relevante del pueblo hebreo es el monoteísmo, la creencia en un solo Dios. Rahner dice: “El monoteísmo del Antiguo Testamento no reposa en investigación de la razón humana, se fundamenta mas bien en la experiencia de hombres consagrados al Dios del Israel”.

Yaweh se revela a Israel y se convierte en una experiencia en la vida del pueblo, el cual percibe su grandeza y concluye: El Dios de nuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, es tan grande y poderoso que no hay otro como él. Significa que el Dios de Israel no es el resultado de un planteamiento filosófico humano. Es demasiado real, es el Dios del pacto que él ha sellado con su pueblo: es el inmenso, soberano, infinito y eterno. El que es antes de todas las cosas y capital de la experiencia espiritual de su pueblo. Yaweh el Dios de Israel, es el Dios personal, creador, providente, amigo, compañero del hombre, redentor, salvador, sustentador y Dios de la esperanza del hombre.

La visión de Dios en las religiones paganas es politeísta, la creencia en muchos dioses. En las religiones egipcia-babilónica, se destaca un rasgo característico muy común a las religiones paganas; la falta de un Dios personal que se revele al pueblo con manifestaciones reales. Son el resultado de especulaciones religiosas y expresiones folklóricas sociales en diversas generaciones, que llevaron a la creación de dioses falsos. Tanto la galería de dioses egipcios, de los cuales Osiris e Isis, dioses de la muerte y el mas allá, eran los principales. Así como la galería babilónica, compuesta por 2,600 dioses, siendo el principal, Marduk, dios creador y sustentador. Se trata de dioses creados por la mente caída del hombre, que le dio la espalda al único Dios verdadero, al Dios creador de todas las cosas. Dios de Abraham, Isaac y Jacob, Dios y Padre de Jesús de Nazaret.

En lo que respecta a las religiones orientales, sus dioses son impersonales, como en el hinduismo y budismo, del siglo VI a.C.. Además, son confesiones de fe de carácter panteísta (todo es Dios), no separa a Dios de sus criaturas, allí todo lo existente es Dios. Un concepto que se aleja totalmente de lo que la Biblia enseña sobre el Dios de Jesús.

En cuanto a las religiones grecorromana: con su gran imaginación, los griegos inventaron sus dioses mediante la mitología, que significa tratado o libro de lo irreal, una imagen de cómo los hombres han inventado los dioses de las naciones, de las antiguas y modernas religiones. En fin, la visión religiosa de los griegos era que su idea de Dios comprendía las fuerzas que el hombre descubre como gobernadoras de este mundo. Su Dios sería la forma, la figura y el orden de la realidad, que es el fundamento de la antigua filosofía estoica. Los dioses griegos era malos, egoístas, soberbios vengativos y obcecados. Se parecían mucho a los hombres que los inventaron. Los griegos reconocían a sus dioses en toda obra grande y majestuosa en el mundo. Además, el panteísmo y el politeísmo estaban muy presentes en todas sus ideas culturales y perfiles religiosos. En cuanto a los romanos, conquistaron a los griegos, pero no su cultura. Para disimular su orgullo, cambiaron los nombres de los dioses griegos, por nombres romanos y los adoptaron como sus dioses. Ha de reconocerse que es mucho más lo que las aleja del pensamiento de Jesús, que lo que las une.

El Dios de Jesús de Nazaret

Jesús, no pretendió inventar un nuevo Dios. Cuando habla de él siempre se refiere al Dios de Abraham, Isaac y Jacob, a Yaweh, el Dios del pueblo de Israel; el Dios incomparable, que proclama la Biblia, el sagrado libro. El Dios que nada tiene en común con los dioses del pasado ni del mundo de hoy tales como: el dios Mamón (del dinero), el dios sexo (del placer como meta suprema), el dios poder, el dios ciencia y técnica, el dios nación, el dios partido político. Todos son diosecillos, solo ídolos ante el Dios de Jesús. Una simple lectura de los evangelios nos muestra que Jesús nunca hizo una evaluación de la naturaleza de Dios, mucho menos trató de aportar pruebas de su existencia o de su actuación en el mundo. Habla del Dios con el que tiene una relación muy intima de manera normal. Su conciencia de Dios es mas espontanea que su propia respiración, Dios es toda su vida.

A propósito del Dios de Jesús: 1ro. En Jesús aparece la experiencia viva de un Dios activo más que un Dios filosófico o teórico. Jesús habla del reino de Dios que viene (Mr. 1:15), de un Dios que está actuando sin cesar en el mundo. Su imagen en Jesús nunca es inmóvil. El Dios de Jesús, está muy presente en sus enseñanzas y en su vida devocional. Es Dios que actúa, que ama, interviene en la vida de sus hijos, que es dador de vida, de una vida que compromete a quienes la reciben.

En 2do. Lugar, el Dios de Jesús, es Dios de futuro. Es el Dios de la sagrada alianza y de las promesas. Toda su acción tiende hacia el futuro donde él y su pueblo se encontrarán en un reino definitivo. No se trata de un Dios viejo o del pasado. El Dios de Jesús viene de la eternidad donde vive, para tomar protagonismo en la actualidad. Jesús nunca dice “Dios existe”, sino “Dios viene”, (Ap. 1:4). El Dios de Jesús no se instala en una historia ya cumplida, sino que convoca por su palabra a la realización de un futuro nuevo y mejor en las moradas que ha prometido a sus servidores en las mansiones de su ciudad, la nueva Jerusalén (Jn. 14:2-3; Ap. 21 y 22).

3ro. El Dios de Jesús es el Dios del amor, el Dios de la libertad, es Dios para el hombre en sus necesidades. El Dios de Jesús, no tiene que ver con los dioses atacados por los filósofos del cuestionamiento; Feuerbach, Nietzsche y Freud. Es Dios de perdón, compasión y gracia. Cerca de los pecadores y de justos, y ha sometido todas las leyes al amor. Es Dios lejano y cercano. Lejano, por inmenso e inescrutable, lejano por ser Santo tres veces. Y cercano, por ser Padre amoroso y tierno en Cristo.

El teólogo José Luis Martínez dice: “El Dios de Jesús es Rey, Señor y ante todo Padre. De incomprensible bondad, perdonador de oficio, que se solidariza con sus hijos en sus necesidades y esperanzas; el que no pide, sino que da. El que no humilla, sino que levanta, el que no hiere, sino que cura, el que llama a salvación”.

El Dios Jesús, es el que hemos visto, tocado y conocido en él, en Jesús (Jn. 14:8-11), porque Jesús hizo mucho mas que hablarnos de Dios. Su vida, ministerio y persona se constituyó en lugar de encuentro de los hombres con Dios.

González de Cardedal escribe: “Dios es el absoluto y el infinito sólo en la medida en que, a la vez, es concebido como el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo”. Con la vida de su humanidad Jesús le dio rostro y cuerpo al Dios de Israel.

Del Dios de Jesús, Isaías dice:” porque así dijo el alto y sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados (Is. 57:15). Y Pablo, en su carta a los romanos, dice:” ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque de él y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea gloria por los siglos. Amén” (Ro. 11:33 y 36). Y reitera;” Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén” (1Ti. 1:17).

Reflexión Final
En la oración pontifical , Jesús clamó;” y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien ha enviado” (Jn. 17:3). El Dios de Jesús de Nazaret es el único Dios verdadero, y conocerle a través de Jesucristo es vida eterna. El Dios de Jesús, es el Dios del amor ágape, el más sublime y transparente, es Dios de compasión, gracia, benignidad, solidaridad, justicia, prosperidad, perdón y protección hacia el hombre. Jesús es la mayor expresión de su naturaleza y carácter, quién tomó rostro y cuerpo, para manifestar amor y cercanía de su Padre y Dios, hacia el hombre caído. Con la mediación de Jesús, es fácil tratar con el Padre, en Jesús, Dios se hizo alcanzable y cercano a los hombres. En Jesús ya no le miramos como un Dios de temor y castigo, Jesús nos ha familiarizado con su Padre y Dios. En Jesús, Dios vivió con el hombre, habló con el hombre, caminó con el hombre, comió con el hombre, tuvo compañerismo y presencia con el hombre. Esa familiaridad está disponible hoy en Cristo. Al pueblo de Dios le animo a cultivar una relación de intimidad con Jesús, porque la unidad de la iglesia es con Jesús y la unidad de Jesús es con el Padre.

Todos aquellos que anhelan una relación cercana con el Dios verdadero, acudan a Jesús, el único mediador entre Dios y los hombres (1 Ti. 2:5). Único camino al padre (Jn. 14:6). Lava tus pecados en la Sangre Purísima del Cordero de Dios (Jn. 1:29), y tendrás el don incomparable de la vida eterna. Dios te bendiga.

Pastor Luis A. Reyes

Publicado por Tabernaculo Prensa De Dios

Posted on September 19, 2013, in Artículos and tagged . Bookmark the permalink. Leave a comment.

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